23 jun. 2012

Ana García Varas (ed.), Filosofía de la imagen






Filosofía de la imagen es un volumen que recopila textos de estudios cuyo común denominador es la investigación del significado de la imagen: qué lógica interna tienen las imágenes, o cómo generan su propio sentido a expensas del lenguaje, son algunos de los temas centrales que se tratan a lo largo de sus páginas. Se publicó en 2011 dentro de la colección Metamorfosis, que forma parte del repertorio de Ediciones Universidad de Salamanca. Estamos, por tanto, ante un texto de muy reciente aparición que viene a llenar un importante hueco en el ámbito de los estudios sobre la imagen. La editora ha prestado atención a dos contextos muy distintos en lo relativo a las disciplinas que acogen y a la orientación de sus trabajos. Por un lado ha recogido textos de la corriente anglosajona de los «estudios visuales», cuyos análisis se centrarían en la línea que va desde la cultura (en un sentido muy amplio) hasta la imagen. En palabras de la editora,

Nos vamos a encontrar en los estudios visuales con un tipo de análisis inspirados frecuentemente en la crítica ideológica de la representación (qué hay detrás y alrededor de las imágenes, social, política o culturalmente), centrados con asiduidad en fenómenos icónicos muy específicos que puedan poner en marcha tal equipaje teórico, y en el que la inscripción de la visión y de la visualidad, así como de la historia del pensamiento sobre las mismas, en la historia y la cultura se propone como uno de los leitmotiv centrales (p. 23).

Pero además de la corriente de los estudios visuales, suficientemente conocida en el ámbito teórico español, esta recopilación descubre un modo distinto de abordar el estudio de la imagen que no ha tenido todavía la suficiente difusión en nuestro país: la corriente alemana de la «ciencia de la imagen» (Bildwissenschaft), que se ha definido desde la historia y la teoría del arte, por un lado, y la filosofía por otro. La editora se centra especialmente en poner de relieve los textos y autores más representativos de esta línea de investigación para contribuir a elaborar un estado de la cuestión lo más completo posible de un estudio, el de la imagen, que tiene todavía mucho camino por hacer. Especialmente si lo comparamos, por ejemplo, con los conocimientos que se han generado históricamente acerca del lenguaje, un referente inevitable.

Aunque todos los trabajos incluidos en la recopilación merecerían un comentario extenso, tan sólo vamos a centrarnos en algunos temas. Interesa mencionar, en este sentido, el artículo de Gottfried Boehm “¿Más allá del lenguaje? Apuntes sobre la lógica de las imágenes”. Boehm es el representante más visible del la corriente alemana (el volumen ha incluido una breve conversación epistolar entre él y Thomas Mitchell, uno de los autores de referencia de la línea de investigación anglosajona). Su tesis arroja luz sobre lo que debería ser una investigación acerca del significado intrínseco de la imagen, sin relacionar a ésta con cualquier cosa ajena a ella. En palabras del autor:

Las imágenes tienen una lógica propia y exclusiva, entendiendo por lógica la producción consistente de sentido a partir de verdaderos medios icónicos. Para explicar esta tesis, me gustaría demostrar que la lógica de las imágenes no es predicativa, es decir, que no se constituye a partir del modelo de la proposición u otras formas lingüísticas: no se realiza al hablar, sino al percibir (87).

La alusión al lenguaje, como ya hemos señalado, es inevitable, ya que históricamente imagen y palabra han estado estrechamente relacionadas desde siempre. Boehm. No es nuestra intención ofrecer un resumen simplificado y empobrecido de las ideas del autor, de modo que nos limitaremos a señalar la estructura de su texto y a invitaros a leerlo. El artículo comienza subrayando la perplejidad que provoca la presencia y uso constante de imágenes junto con las dificultades que existen para determinar cómo éstas producen su significado. Se trata de algo que cualquiera puede experimentar en su vida cotidiana y en Imalogo: ¿cómo te enfrentas a una imagen y de qué modo la respondes? ¿Te cuesta no traducirla a algún tipo de mensaje textual que te facilite la tarea? A continuación, Boehm explica, muy brevemente, su propia teoría acerca del modo como las imágenes producen su propio contenido, además de presentar referencias a objetos del mundo que no son capaces de agotar todo su significado. Después, asistimos a un rápido pero imprescindible bosquejo de la historia de la relación entre palabra e imagen. El autor señala 3 momentos que han sido determinantes para llegar a nuestra situación actual, desde la que, si miramos hacia atrás, vemos por un lado que la imagen ha ocupado un lugar secundario respecto de la palabra, pero por otro que esa situación ha comenzado a desaparecer en el siglo XX. Por último, Boehm nos ofrece un caso concreto de análisis de una imagen (la Catedral de Ruan según Monet) en el que saca a la luz el modo concreto en que ésta genera sentido.

Otro texto de interés es el de Hans Belting: “Cruce de miradas con las imágenes. La pregunta por la imagen como pregunta por el cuerpo”. Su estudio plantea inevitablemente importantes preguntas relativas al uso del medio de medios contemporáneo: internet, con el que ahora mismo estamos tratando. El autor formula su tesis al comienzo:

Las miradas son cómplices del cuerpo, y tan activas como el sujeto mismo que mira. Estamos acostumbrados a separar la mirada de las imágenes, y por tanto a hablar de miradas a una imagen, pero en este trabajo complicidad entre cuerpo y mirada desemboca en la imagen. Es por ello que muchos medios visuales hacen de la mirada su tema recurrente (179).

Son muchos los temas que Belting quiere tratar en su artículo: la mirada como cómplice del cuerpo, abordar la mirada que puede devolver la imagen y cómo es eso posible, la insistencia de los medios en la mirada… De lo que se trata es de mostrar el estrecho vínculo que mantiene el cuerpo, la mirada del sujeto que percibe y los medios de los que puede disponer para mirar. El texto bascula hacia el tema del cuerpo, al que se entiende como «lugar de las imágenes» (180) por dos motivos: en primer lugar, porque percibe las imágenes a través de los sentidos; y, además, porque ellos mismos son soporte para las imágenes a través de la expresión corporal, de la vestimenta, etc. Esto nos descubre que el cuerpo es un tipo de medio muy especial: un medio vivo, a diferencia de los medios artificiales que van sucediéndose a lo largo de la historia.

Si tenemos presente que el cuerpo es un medio vivo, entonces parece hacerse posible la relación entre éste, los otros medios y la imagen: el cuerpo se presta (su sombra, su carne, su sexualidad) y el medio lo cosifica, lo representa, es decir, lo inmortaliza. O al menos evita que la imagen perezca con el cuerpo. La relación cuerpo-medio-imagen se ve en casos como el del niño que se sorprende al ver el movimiento de su sombra:

La experiencia de sí mismo mediante la que descubrimos el cuerpo propio como un medio para las imágenes comienza cuando el niño se encuentra con su sombra y su reflejo […] Las sombras y los reflejos en el agua son imágenes del cuerpo que solo se realizan con la intervención de éste […] En ambos casos se trata de imágenes cuya singularidad no radica solo en que en ellas el cuerpo mismo se ve como imagen, sino que más bien, e que él mismo se ve produciendo la imagen […] No se puede negar que en las sombras y en los reflejos la luz del sol y el agua también son medios. Igual que estos, el cuerpo es a su manera un medio, pues interactúa con la luz y el agua (186, cursiva suya).

Y no sólo eso, sino que «las imágenes “cobran vida” sólo en virtud de la autoridad del cuerpo, que permite que éstas no queden vacías» (183). La idea de que hay una cierta “autoridad” o “condición” ajena a las imágenes, y que se introduce de manera determinante en ellas, es una constante en los trabajos de la corriente alemana. La imagen siempre presenta algo, una cosa, y lo hace de un modo determinado. En parte, el significado de la imagen viene posibilitado por la materia que muestra, aunque el modo característico en que nos ofrece dicha materia exige que la abordemos atendiendo a algo más que la porción de realidad que está incluyendo.

Hay una afirmación que conviene entresacar para articular a partir de ella una serie de cuestiones: «No percibimos espacios naturales o artificiales solo mediante la vista, sino que los experimentamos con todo el cuerpo, combinándose el sonido y las ondas sonoras que allí se producen con la impresión visual» (185). ¿Y qué percibe en cada momento el cuerpo sentado delante de la pantalla? Siendo en internet el medio mismo tan importante o más que lo que transmite, vale la pena preguntarse por la relación entre el cuerpo y los medios. Allí lo vemos: quieto, visiblemente inmóvil, sintiendo un leve picor en la barbilla que alivia con una mano mientras desliza con la otra la rueda del ratón. El que se echa a reír o el que siembra unos cuantos emoticonos para ver si son buen vehículo de sus reacciones (y no lo son). Parece una representación burlona de la interacción persona-ordenador. En realidad, la idea de que el cuerpo experimenta con el medio no puede plantearse si no se dice con qué medio se está experimentando. Lo que recuerda, por otra parte, a esas imágenes de abandono corporal que tanto se reproducían en las películas de los 90, a vueltas con el ciberespacio. A veces se nos olvida lo fisiológico que es nuestro día a día con la pantalla.

Un tercer texto que recoge este volumen es “Haciendo filosofía mediante la imagen en movimiento: el caso de ‘Serene velocity’”, de Noël Carroll. El autor defiende, frente a cuantioso número de posibles objeciones escépticas, la posibilidad de que el cine pueda llevar a cabo planteamientos filosóficos originales. No se trata de rodar una película que, mediante la grabación de alguien leyendo un texto o exponiendo un argumento, reproduzca una filosofía que ya se ha hecho. Lo que se investiga es si el cine, mediante el uso de sus propios recursos y técnicas, puede dar algo nuevo a la filosofía. La respuesta de Carroll es afirmativa. El artículo se centra en algunas películas experimentales de las vanguardias de los 70, concretamente en aquellas que él denomina «cine minimalista» debido a los rasgos de parentesco que comparten las grabaciones con el arte minimalista en general (reflexión sobre los rasgos fundamentales del tipo de arte del que se trate, supresión del “ruido” que pueda dificultar el descubrimiento de dichos rasgos, llevada a cabo mediante la presentación de figuras desnudas, la repetición de un mismo proceso mecánico, etc.). La conclusión de Carroll, tras el análisis de Serene Velocity (E. Gehr, 1970), es que el cine puede valerse de sus procedimientos para ofrecer una nueva afirmación general: la imagen en movimiento es un atributo esencial del cine. O dicho de otro modo: no hay cine si no hay presentación de imágenes en movimiento.

Carroll no se detiene ahí, y afirma que también ciertas interpretaciones de películas pueden considerarse como aportaciones filosóficas genuinas. Por ejemplo, Carroll afirma que es posible ir más allá de la tesis que Gehr quería exponer con su película (el cine es presentación de la imagen en movimiento):

Es posible dilucidar el significado de Serene velocity de un modo más amplio de lo que Gehr y los especialistas de su época habrían hecho. Mientras ellos habrían considera serene velocity como la demostración de una condición necesaria de una película (realizada en celuloide), ahora podemos interpretar que Serene velocity enuncia de hecho la tesis de que el cine pertenece a una categoría más amplia, a saber: a la categoría de la imagen en movimiento, cuyos miembros poseen por definición la posibilidad técnica de transmitir la impresión de movimiento, como enfatiza la obra de Gehr (262-263).

Esto se debe a que en la actualidad podemos producir imagen en movimiento sin disponer de una película (mediante programas de ordenador). Los artículos presentados, junto a los demás, invitan a profundizar en el estudio de la imagen dejando atrás la muleta de la estructura lingüística. El de las imágenes es un terreno aparentemente familiar, ya que estamos rodeados de ellas y las usamos constantemente. Sin embargo, las cuestiones planteadas a lo largo de las páginas de este volumen consiguen arrancar algún que otro balbuceo y cierto rodeo que evita pasar por la plaza principal. 














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